La pornografía no es arte ni tampoco mero erotismo o sensualidad. La pornografía es cruda
exhibición de genitales y actos sexuales de toda índole, donde abundan
las imágenes masoquistas, la pedofilia y otras aberraciones, individuales o
en grupo. La pornografía es una industria millonaria, prima hermana de la prostitución, que vende sexo cosificando y envileciendo al hombre y a la mujer. Es explotación ruin de los seres humanos, y sobre todo de la mujer. Los artistas se sentirían posiblemente ofendidos ante la pretensión de
elevar la porno a la categoría de arte o estética. La pornografía es más bien
negación del arte y del amor. Tampoco puede alegarse que la porno pertenezca a la esfera del pensamiento, como la filosofía, o el debate de las ideas.

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